Un estudio desarrollado en el Centro Tecnológico Forestal de Cataluña (CTFC) permite cuantificar a largo plazo el crecimiento y el estrés por sequía de los bosques en función de la gestión que se realice. Estos resultados permiten optimizar y personalizar este tipo de gestión con el fin de adaptar los bosques a las incertidumbres del cambio climático y aumentar la calidad de la madera.

Bosque de pino en el Pallars Sobirà muy denso y con algunos ejemplares caídos. Fuente: Mario Beltrán (CTFC)

Solsona, septiembre de 2017. Las claras constituyen una de las principales herramientas de gestión forestal, en las que se retiran los árboles más pequeños para que el resto pueda crecer mejor sin competir por los recursos. Por primera vez, una investigación pone cifras al futuro de un bosque cuando se realiza este tipo de gestión, tanto en términos de disponibilidad de agua como de productividad. Conocer estos parámetros en función de la intensidad de clara que se realice y las previsiones climáticas, permitirá la flexibilidad necesaria para dar recomendaciones de gestión específicas a cada caso.

La investigación contempla diferentes escenarios que varían en función de la localización de estos bosques y de las predicciones climáticas. Aitor Ameztegui, miembro del equipo y autor del artículo, define los resultados como “una aproximación realista que permite anticiparse al futuro de los bosques y sienta las bases de una gestión que integra en sus objetivos la adaptación de los bosques al cambio climático”.

El estudio, publicado en la revista Ecological Modelling, se ha centrado en los bosques de pino albar en Cataluña. Esta especie, importante tanto a nivel ecológico como económico, ocupa el 17% del área forestal catalana y aporta más del 25% de la madera que se obtiene de los bosques catalanes anualmente. Además, las predicciones climáticas indican que una buena parte de las poblaciones de esta especie podría estar en peligro en las próximas décadas debido a la sequía.

Para realizar la investigación, se escogieron 3 zonas representativas del gradiente climático donde tiene presencia el pino albar: el Pirineo como zona húmeda, las montañas de Prades como zona seca y el pre-Pirineo como zona intermedia. Estos datos, junto con diferentes intensidades de claras, han sido el punto de partida para conocer la respuesta del bosque a largo plazo mediante modelos matemáticos.

Encontrar la intensidad óptima de clara

En todos los casos, tal y como explica Ameztegui, “retirar árboles parece tener un efecto positivo en la disponibilidad de agua, el reto y la utilidad radica en encontrar el punto óptimo entre esta ganancia y la pérdida de los otros bienes y servicios que ofrecen estos bosques, ya que depende del lugar donde se encuentran, seco o húmedo y de cómo cambiará el clima”.

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Aitor Améztegui en trabajo de campo. Fuente: Javier de Dios (CTFC)

Según los resultados del estudio, en zonas húmedas donde el nivel de estrés por sequía de los árboles no será tan alto, hacer una clara de intensidad media o baja podría mejorar la productividad sin afectar a la disponibilidad de agua.

En zonas secas, en cambio, a fin de bajar el nivel de estrés por debajo de los valores críticos, son necesarias claras muy fuertes que comprometen una buena producción de madera. En estos casos habría que realizar claras periódicas orientadas a aumentar la disponibilidad de agua. Antoine Cabon, coautor del artículo explica en este sentido que “saber cuándo dura el efecto de la clara podría utilizarse de guía para diseñar planes de gestión específicos”.

A pesar de la utilidad de las claras, Ameztegui advierte que “no hay recetas generales válidas para todos los casos” y remarca la “necesidad de hacer planes de gestión personalizados para cada caso, a fin de obtener un equilibrio entre la ganancia en la productividad del bosque y en la disponibilidad de agua que se podría obtener de las claras”.

Estos modelos tienen un gran potencial para desarrollar y perfeccionar, teniendo en cuenta diferentes objetivos de gestión y ante un panorama de incertidumbre climática. Añadir otras variables como la erosión del terreno, la producción de setas o la biodiversidad, colaboraría a desarrollar herramientas de gestión forestal que garantizan los múltiples bienes y servicios que nos ofrecen estos ecosistemas.

Los modelos de dinámica forestal son herramientas muy potentes a la hora de comprender los bosques, evaluar su estado y predecir el futuro. Esta información resulta especialmente relevante en un contexto de cambio global y más en la región Mediterránea, donde las predicciones climáticas apuntan hacia periodos de sequías más largos e intensos, afectando el crecimiento y la mortalidad de los árboles.

Ameztegui, A., Cabon, A., De Caceres, M., Coll, Ll. (2017) Managing stand density to enhance the adaptability of Scots pine stands to climate change: A modelling approach. Ecological Modelling. https://doi.org/10.1016/j.ecolmodel.2017.04.006