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Incendio en una turbera del Reino Unido. 2011. Autor: Samuel Ward

A pesar de que las turberas parecen húmedas y difíciles de quemar, en determinadas situaciones de sequía pueden llegar a hacerlo en el subsuelo, sin posibilidad de extinción. Las turberas contienen el 25% de las reservas globales de carbono en el suelo, y el CO2 que se emite en estos incendios causa un grave perjuicio ambiental a nivel global. Un estudio reciente en el que ha participado el Centro Tecnológico Forestal de Cataluña (CTFC) aporta nuevos datos sobre los efectos del fuego en este ecosistema

Imaginar un incendio bajo tierra es difícil, y entenderlo aún más. En un contexto de cambio climático el riesgo y la severidad de los incendios aumenta, y saber cómo funcionan los incendios de las turberas se presenta con un doble interés. Por un lado, la importancia ecológica de este ecosistema, la degradación del cual retro-alimenta el cambio climático debido a las emisiones asociadas. Por otra, la falta de datos existentes hoy en día, que dificultan la gestión sostenible del territorio en caso de que proliferen.

Rut Domènech, investigadora del CTFC, ha participado en un estudio publicado en la revista Biogeosciences que evalúa el efecto de diferentes incendios que tuvieron lugar en turberas de Gran Bretaña. Las turberas son espacios húmedos formados durante miles de años a partir de una acumulación de materia orgánica. Esta “masa esponjosa y ligera”, como la define Domènech, tiene un papel clave en la ecología terrestre, ya que es uno de los principales reservorios de carbono y cuando arde, libera grandes cantidades de CO2.

Cuando las turberas pierden agua, se encogen y se agrieta el terreno. Si entra aire por estas rendijas la turba se oxida, se calienta y puede llegar a entrar en combustión bajo tierra. “El fuego es como el de un cigarrillo, lento y sin llama”, explica Domènech, que ve con preocupación la gestión de estos fuegos, ya que a veces “queman zonas donde no se puede acceder, o es muy difícil apagar el fuego ya que no se puede ver por donde quema “.

El estudio, financiado por el National Environment Research Council (NERC) del Reino Unido, analiza diferentes incendios que tuvieron lugar entre 2011 y 2012 comparando su severidad, los efectos y la cantidad de combustible vegetal que consumieron. Ponen atención también en el efecto de las quemas prescritas o gestionadas, las que se dan de manera intencionada para conseguir una gestión concreta, concluyendo que generan menos emisiones de CO2 que los incendios.

Entre los resultados de la investigación destaca la adaptación de un indicador que permitirá cuantificar la severidad de los incendios en turberas, no sólo en Gran Bretaña, sino también en Cataluña. Aquí, es posible encontrarlos en valles de zonas montañosas donde se ha ido acumulando sedimento y agua proveniente de la nieve, en su mayoría en el Pirineo. Aunque ahora mismo el riesgo de incendios del subsuelo en estas zonas es bajo, si el clima continúa cambiando, “no se descarta que puedan llegar a producirse”, según Domènech.

 

El fuego como elemento natural de gestión

La tipología de los incendios varía si se dan en latitudes más septentrionales o en regiones mediterráneas, pero el papel del fuego como principal gestor natural del ecosistema es innegable. Los incendios forestales participan en la evolución de los ecosistemas, y han modelado nuestros bosques desde siempre. Por otra parte, también han tenido su papel social, ya sea en el uso del fuego en espacios agrarios como en la quema de madera para producir carbón.

Sin embargo, el cambio de los usos del bosque junto con las variaciones del clima ha hecho aumentar el riesgo de incendio, haciendo plantear su importancia. Con todo ello, los incendios forestales asumen una problemática no sólo ambiental, sino social y económica, mereciendo desde un punto de vista científico diferentes enfoques de estudio e investigación.

Más información en:

M. Davies, R. Domènech, A. Gray, and P. C. D. Johnson (2016) Vegetation structure and fire weather influence variation in burn severity and fuel consumption during peat land wildfires. Biogeosciences, 13, 389-398