El CREAF lidera el diagnóstico más completo realizado hasta ahora sobre el estado de los bosques de pino negro en el Pirineo, elaborado en el contexto del proyecto europeo LIFE Uncinata*, coordinado por el CTFC.
Desde 1956, la superficie de estos bosques ha aumentado cerca de un 30%. Sin embargo, la mayoría son jóvenes, lo que limita su capacidad para resistir sequías, incendios y otros impactos del cambio climático.
El análisis también alerta de que el hábitat idóneo para el pino negro podría reducirse hasta un 70% en 2040.
Según el equipo, este diagnóstico ha sido clave para orientar medidas de gestión forestal en el marco del proyecto LIFE Uncinata*, que busca mejorar el estado de conservación de esta especie.
El hábitat de los bosques de pino negro (Pinus uncinata) está protegido por la Unión Europea a través de la Directiva Hábitats. Los que crecen en suelos calcáreos se consideran prioritarios por su rareza en Europa. En este contexto, el proyecto LIFE Uncinata*, coordinado por el Centro de Ciencia y Tecnología Forestal de Cataluña (CTFC) y con participación del CREAF, ha publicado el informe más exhaustivo realizado hasta ahora sobre el estado de estos bosques en los Pirineos —incluyendo Cataluña, Aragón y Navarra—. El informe constata que su superficie ha aumentado en las últimas décadas. A pesar de esta tendencia favorable, el análisis también alerta de que el cambio climático podría revertir la situación.
La comparación de fotografías aéreas de 1956 con imágenes actuales muestra un incremento significativo del recubrimiento forestal, que ha pasado del 18% al 45% en algunas zonas. Según los datos, esta expansión ha sido especialmente intensa en las zonas más bajas de la cordillera, donde el bosque ha colonizado antiguos prados de alta montaña abandonados hace décadas. “A pesar de este aumento de superficie, sólo el 9% del total de los bosques presenta cierto grado de madurez. La mayoría siguen siendo jóvenes, densos y, a menudo, muy homogéneos estructuralmente. Esto los hace más vulnerables a los efectos del cambio climático”, destaca Jordi Vayreda, investigador del CREAF y responsable del diagnóstico.
El equipo también ha analizado el futuro de estos bosques bajo distintos escenarios de cambio climático. Los modelos de distribución muestran datos preocupantes, ya que podrían sufrir una fuerte regresión por la falta de condiciones climáticas adecuadas. Las proyecciones indican que, ya en 2040, las zonas más idóneas para esta especie podrían reducirse más de un 70%. Para 2100, bajo el escenario más severo, la reducción podría acercarse al 100%, especialmente debido al aumento de la temperatura y a la mayor duración, frecuencia e intensidad de las sequías. Esto podría desplazar los bosques hacia cotas más altas, pero reducir drásticamente su presencia en cotas bajas e incluso provocar su casi desaparición a finales de siglo. Una gestión forestal orientada a la conservación podría atenuar esta tendencia.
Envejecer los bosques y permitir su evolución natural para mejorar su conservación
Aunque la situación ha mejorado, el estudio también constata que solo un 27% del total de los bosques de pino negro se encuentra en buen estado de conservación. Para afrontar esta situación, una de las acciones del proyecto LIFE Uncinata* es favorecer la madurez de los bosques, es decir, “envejecerlos”. “Un bosque maduro puede soportar mejor sequías o incendios, entre otras perturbaciones”, añade Vayreda. Para acelerar la madurez, se proponen medidas que imitan procesos naturales, como proteger los árboles viejos, aumentar la cantidad de madera muerta de gran tamaño y crear pequeñas aperturas en el bosque que permitan la entrada de luz y favorezcan otras especies arbóreas y arbustivas.
El informe también refleja los beneficios de la falta de intervención forestal, que en algunas zonas ha permitido que los bosques evolucionen de forma natural. “Hemos comprobado que permitir la libre evolución del bosque en determinadas áreas también es una de las estrategias más efectivas para mejorar su conservación y madurez”, destaca Víctor Sazatornil, investigador del CTFC y coordinador del proyecto. Por ejemplo, los bosques de pino negro más maduros y mejor conservados se concentran en zonas protegidas del Pirineo, especialmente en el Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, pero también en el Parque Natural del Alt Pirineu, el Cadí-Moixeró y otros espacios de la Red Natura 2000, donde hay menor presión humana y mayor protección.
“Otras propuestas del proyecto buscan compatibilizar el aprovechamiento del bosque, como la producción de madera, con su conservación”, explica Pol Guardis Belmar, investigador del CTFC. Algunos ejemplos son aplicar claras selectivas, marcar árboles individuales para decidir cuáles conservar y cuáles extraer, y así diversificar la estructura del bosque. También se fomenta la presencia de elementos clave para la biodiversidad en bosques productivos, como especies acompañantes o dendromicrohábitats, como por ejemplo cavidades que sirven de refugio para aves, murciélagos o pequeños mamíferos.
Orientar la toma de decisiones
Para elaborar esta radiografía, el equipo investigador ha combinado diversas fuentes de datos: fotografías aéreas históricas, inventarios forestales, cartografía obtenida con tecnología LiDAR y modelos climáticos. “Hemos evaluado tanto los cambios en la superficie forestal como el estado de conservación y el grado de madurez de los bosques. También hemos identificado las zonas mejor conservadas y determinado su vulnerabilidad ante el cambio climático”, explica Jordi Vayreda.
El proyecto LIFE Uncinata* está coordinado por el CTFC y cuenta con la participación del CREAF, el Centro de la Propiedad Forestal (CPF), la Fundación Catalunya La Pedrera y Orekan. Su objetivo, al finalizar 2027, es mejorar la conservación de los bosques de pino negro del Pirineo y garantizar su supervivencia ante los retos del cambio climático. “Este diagnóstico aporta herramientas clave para orientar la gestión forestal y la toma de decisiones, tanto en el marco del proyecto como en las políticas de conservación de la administración”, concluye Víctor Sazatornil.
Last modified: 26 Febrero 2026








