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Un estudio genético cuestiona que la tórtola europea del norte de Marruecos y de Baleares sea una subespecie distinta de la que ocurre en la Península Ibérica

12 Julio 2026

La investigación demuestra que las dos subespecies de tórtola europea reconocidas en el Mediterráneo occidental no presentan diferencias morfológicas ni genéticas detectables.

 

El hallazgo obliga a repensar los planes de gestión y conservación de la especie.

 

Desde hace más de un siglo, los ornitólogos han divido las poblaciones de tórtola europea del Mediterráneo occidental en dos subespecies bien diferenciadas. La subespecie nominal Streptopelia turtur turtur habitaba la mayor parte de Europa continental y las Islas Canarias, mientras que S. t. arenicola ocupaba el norte de África y ciertos enclaves insulares, como las Islas Baleares. A esta última se la describía como una forma adaptada al desierto: más pálida y de menor tamaño. Sin embargo, esa clasificación descansaba casi exclusivamente sobre observaciones morfológicas fragmentarias del siglo XIX y principios del XX, sin respaldo molecular moderno.

Ante esta incertidumbre, un equipo de científicos, liderado por el Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya (CTFC) y en el que participa el Grupo de Investigación en Ecología y Gestión de Fauna Silvestre del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC – CSIC, UCLM, JCCM), además de diversas instituciones de España y Marruecos, se propuso someter esa “frontera” a un examen riguroso. Para ello, se capturaron más de 900 tórtolas durante el periodo reproductor —en Castilla-La Mancha, Cataluña, Canarias, Menorca, Ibiza y Marruecos— analizando tanto medidas corporales como ADN mitocondrial. Los resultados acaban de publicarse en la prestigiosa revista Bird Conservation International.

La caza excesiva y el deterioro de los hábitats de alimentación y reproducción de la tórtola europea han supuesto el declive poblacional de la especie. La moratoria temporal de su caza en 4 países europeos entre 2021 y 2024 ha permitido una rápida recuperación de sus poblaciones.

Ni el cuerpo ni los genes las distinguen

El análisis morfométrico de 647 individuos adultos —midiendo longitud de ala, cola y tarso— no reveló diferencias estadísticamente significativas entre las dos supuestas subespecies. Los análisis de componentes principales y los análisis discriminantes mostraron un solapamiento casi total entre los grupos, desmontando la creencia histórica de que las tórtolas norteafricanas son más pequeñas que las europeas.

El análisis genético apuntó en la misma dirección. Tras secuenciar tres genes mitocondriales en 117 individuos —y comparar los resultados con secuencias de poblaciones europeas de Francia, Reino Unido y Bulgaria— los/as investigadores/as no encontraron una estructuración genética acorde con las diferencias entre ambas subespecies. De hecho, la variación genética dentro de la subespecie S. t. turtur resultó ser mayor que la observada entre las dos supuestas subespecies. La red de haplotipos obtenida presentó una topología en estrella sin ninguna asociación con el origen geográfico de las muestras. Los resultados apuntan a una amplia conexión genética entre las poblaciones situadas a ambos lados del Estrecho de Gibraltar.

Resumen gráfico del trabajo de investigación

 

La migración como fuerza homogeneizadora

¿Por qué no existen fronteras genéticas evidentes si las poblaciones están separadas por el mar? Los autores apuntan que la explicación más probable reside en el intercambio ocasional de individuos entre las poblaciones reproductoras. Aunque la mayoría de las tórtolas regresasen cada año a las mismas zonas de cría, una pequeña proporción puede reproducirse en un lugar distinto al de su nacimiento o al utilizado en temporadas anteriores, un proceso que podría verse favorecido por las paradas migratorias en otras zonas de reproducción. Ese intercambio, aunque sea escaso, mantendría el flujo genético entre poblaciones. De hecho, bastan unos pocos individuos por generación para evitar que estas comiencen a diferenciarse genéticamente. Así, el Mediterráneo no habría actuado como una barrera lo bastante eficaz ni durante el tiempo suficiente como para favorecer la aparición de subespecies distintas.

Consecuencias para la conservación de la tórtola europea

La tórtola europea es una especie globalmente amenazada: entre 1980 y 2023 sus poblaciones se desplomaron un 83%, principalmente por la pérdida de hábitat y los niveles insostenibles de caza. Los planes de gestión adaptativa impulsados por la Comisión Europea se articulan en torno a rutas migratorias, considerando el total de la población como unidad de gestión. Aunque dicho plan de gestión sólo tiene efecto en los Estados Miembro de la Unión Europea, siempre se ha considerado que la presión cinegética en Marruecos (algo sobre lo que la Comisión Europea no tiene jurisprudencia) puede repercutir en las poblaciones de reproductoras europeas. Los resultados de este estudio refuerzan esta visión: el amplio intercambio genético detectado entre las tórtolas de España y Marruecos, unido a la ausencia de diferencias morfológicas o genéticas que justifiquen la existencia de dos subespecies, respalda que ambas forman parte de una misma población biológica conectada.

Por otro lado, si las tórtolas de Marruecos forman parte de la misma unidad genética que las que crían en España, la existencia de una población reproductora importante en ese país podría actuar como un reservorio demográfico para la conservación de la especie, contribuyendo en un futuro a reforzar otras poblaciones conectadas por el flujo genético.

Los autores reclaman una revisión del estatus subespecífico de la tórtola mediante datos genómicos más completos, y subrayan la necesidad urgente de ampliar las estrategias de conservación más allá de las fronteras europeas, incorporando de forma coordinada a los países del norte de África.

En biología de la conservación, el caso de la tórtola pone de relieve la importancia de contar con una taxonomía actualizada. Los autores señalan que incorporar las evidencias moleculares puede ayudar a evitar que las estrategias de conservación consideren como unidades independientes poblaciones que, desde el punto de vista biológico, forman parte de un mismo conjunto. De esta forma, la integración de información genética puede contribuir a definir unidades de conservación que reflejen mejor a la estructura biológica real de las poblaciones.

Toda la información:

Domínguez, J. C., Bota, G., García, J. T., Arroyo, B., Hanane, S., Escandell, R., Sardà-Palomera, F., Ichen, A., Moreno-Zarate, L. 2026. No subspecies, no borders: morphometric and mitochondrial DNA evidence in western Mediterranean European Turtle-dovesBird Conservation International 36, e25, 1-12.

Last modified: 14 Julio 2026