Un estudio liderado por el CTFC y realizado con la participación de más de 60 expertos concluye que la falta de un consenso operativo sobre qué significa restaurar un bosque puede dificultar la aplicación del futuro Plan Nacional de Restauración y del nuevo Reglamento europeo de restauración de la naturaleza.
¿Qué significa exactamente “restaurar” un bosque? A pesar del impulso que la restauración ecológica está recibiendo en Europa y en todo el mundo, una nueva investigación pone de manifiesto que esta pregunta sigue abierta incluso entre los especialistas responsables de diseñar y aplicar actuaciones de restauración forestal.
El estudio, publicado recientemente y basado en una consulta participativa a 62 expertos españoles del ámbito académico, la administración pública y las organizaciones ambientales, revela que existe un amplio consenso sobre las definiciones teóricas de restauración forestal. Sin embargo, este acuerdo se diluye cuando los expertos deben valorar situaciones prácticas concretas y determinar si determinadas actuaciones pueden considerarse realmente restauración.
La investigación llega en un momento especialmente relevante. El Reglamento (UE) 2024/1991 de restauración de la naturaleza obliga a los Estados miembros a elaborar Planes Nacionales de Restauración. España debe presentar el primer borrador el próximo 1 de septiembre.
Del consenso teórico al desacuerdo práctico
El estudio, desarrollado en el marco del proyecto REFORADAPT y financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, utilizó el método Delphi, una metodología de investigación basada en la consulta estructurada de expertos. El proceso incluyó dos rondas de participación: un cuestionario en línea y tres talleres presenciales celebrados en Cataluña, Madrid y Andalucía.
Los participantes valoraron diversas definiciones científicas de restauración y adaptación forestal y analizaron 16 casos prácticos relacionados con la gestión forestal.

Los resultados muestran acuerdo sobre los principios generales de la restauración y adaptación forestal, pero una gran diversidad de opiniones cuando estos principios se aplican a casos reales. Las discrepancias fueron especialmente evidentes en cuestiones como la restauración pasiva (por ejemplo, dejar que el bosque se regenere por sí solo en tierras agrícolas abandonadas) o en las actuaciones de rewilding o renaturalización.
“La restauración forestal se ha convertido en una prioridad global y en un concepto ampliamente utilizado en políticas ambientales de todo el mundo, pero nuestro estudio muestra que la restauración no significa necesariamente lo mismo para todo el mundo ni se traduce de la misma manera sobre el terreno. Estas diferencias tienen implicaciones muy relevantes, por ejemplo, a la hora de evaluar si los países están cumpliendo sus compromisos de restauración”, explica Maitane Erdozain, investigadora del Centro de Ciencia y Tecnología Forestal de Cataluña, coordinadora del proyecto REFORADAPT y autora principal del estudio.
Cuatro criterios compartidos
A pesar de estas divergencias, los expertos identificaron cuatro aspectos esenciales para definir la restauración forestal: la obtención de resultados ecológicos a largo plazo, la recuperación de los procesos ecológicos, la provisión de servicios ecosistémicos y el incremento de la resiliencia frente al cambio climático. A partir de estos elementos, se propone buscar consensos de manera participativa, con el objetivo de facilitar la aplicación coherente de las políticas de restauración.
Un debate con consecuencias reales
Según los autores, la falta de una interpretación compartida no es solo una cuestión académica. Puede influir directamente en la forma en que se diseñan, evalúan y financian las actuaciones de restauración forestal.
“La solución no es simplemente pactar o acordar la definición con normas muy rígidas: la restauración es un concepto que evoluciona a medida que surgen nuevos retos (cambio climático, despoblación rural…), y unas definiciones demasiado estrictas podrían no encajar con realidades locales muy diferentes entre sí”, señala Sergio de Miguel, catedrático de Ciencia Forestal de la Universitat de Lleida. De hecho, el estudio recuerda que las políticas europeas de restauración, concebidas de manera genérica, a menudo no recogen suficientemente especificidades propias del Mediterráneo como los incendios forestales, las sequías recurrentes o el abandono rural.

Por ello, los autores plantean que es necesario encontrar un equilibrio: una norma lo suficientemente clara para que “restauración” no incluya cualquier actuación, incluso aquellas que no aportan beneficios ecológicos, pero lo suficientemente flexible para adaptarse al territorio y no imponer, sin quererlo, la visión de unos colectivos (por ejemplo, por edad, género o sector profesional) por encima de otros. Por este motivo, los autores defienden que los procesos de planificación deben incorporar equipos multidisciplinares y diversos, así como mecanismos de participación que permitan construir consensos amplios.
Mirando hacia el futuro
La investigación plantea la necesidad de profundizar en conceptos todavía ambiguos, como la biodiversidad, la degradación de los ecosistemas o los servicios ecosistémicos, y de ampliar el debate a colectivos actualmente poco representados, como los propietarios forestales o el sector agrario.
Los autores consideran que el desarrollo del futuro Plan Nacional de Restauración español representa una oportunidad única para aplicar procesos participativos que permitan combinar criterios comunes con la flexibilidad necesaria para adaptarse a las características de cada territorio.
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Last modified: 24 Julio 2026








